Aproximadamente tres de cada diez personas desarrollarán herpes zóster en algún momento de su vida, con mayor frecuencia a partir de los 50 años. Lo provoca el mismo virus que la varicela —y casi todas las personas que la han padecido lo portan.
Por qué ocurre
Tras recuperarse de la varicela, el virus varicela-zóster no abandona el organismo. Permanece latente en las células nerviosas próximas a la médula espinal. Años o décadas después, puede reactivarse y desplazarse a lo largo de un nervio hasta la piel, provocando una erupción dolorosa.
La reactivación está vinculada a un debilitamiento del sistema inmunitario, por eso el riesgo aumenta con la edad y es mayor en personas que:
- tienen más de 50 años;
- padecen enfermedades o reciben tratamientos que debilitan la inmunidad, como quimioterapia, trasplantes de órganos o VIH.
Los síntomas
Antes de la erupción. Muchas personas sienten ardor, hormigueo, picor o dolor punzante en una zona de la piel, a veces varios días antes de que aparezca nada visible.
La erupción. Aparecen manchas rojas que evolucionan a ampollas con líquido, típicamente en una banda o franja en un solo lado del cuerpo. En los días siguientes las ampollas se secan y forman costras, y la erupción suele desaparecer en dos a cuatro semanas.
El tronco es la localización más frecuente, pero el herpes zóster puede afectar a cualquier parte del cuerpo, incluida la cara.
Cuando afecta al ojo
El herpes zóster en la frente, alrededor del ojo o en la punta de la nariz puede afectar al propio ojo, provocando enrojecimiento, lagrimeo, sensibilidad a la luz y, en algunos casos, daños duraderos. Quien tenga una erupción en esta zona debe acudir al médico sin demora.
Tratamiento
El médico suele diagnosticar el herpes zóster con solo observar la erupción. Los antivirales pueden acortar el episodio y reducir su gravedad, y son más eficaces si se inician en las 72 horas siguientes a la aparición de la erupción —por eso conviene consultar pronto. A menudo también se necesita analgesia.
¿Es contagioso?
No se puede contraer herpes zóster de alguien que lo padece. Sin embargo, el líquido de las ampollas puede transmitir el virus a quien nunca haya tenido varicela ni la vacuna, y esta persona podría desarrollar varicela. Mantener la erupción cubierta y lavarse las manos ayuda a prevenirlo.
Dolor persistente
Algunas personas siguen sufriendo dolor neuropático mucho después de que la erupción haya curado. Esta complicación, llamada neuralgia posherpética, puede durar meses o incluso años y es más frecuente en personas mayores.
Vacunación
Una vacuna recombinante ofrece una fuerte protección contra el herpes zóster y sus complicaciones. En España se ofrece a través del sistema público de salud a personas mayores, según el calendario de vacunación de cada comunidad autónoma, y a adultos con determinadas condiciones que aumentan su riesgo. Consulte en su centro de salud si tiene derecho a recibirla.